Today, I would like to offer some encouragement about prayer.
Our world today operates in a way that is instantaneous and convenient. Just about anything can be purchased online and arrive on our doorstep within days, if not hours. Produce that once was only seasonally available can be found in any grocery store at any time of the year. Meat, dairy, and eggs are readily available without having to own, raise, or butcher a single animals. Clothing is available to be purchased without the need to make clothes for ourselves and our families. We can video call people and see them instantly, anywhere in the world. We can send a text message or email and receive a response within a matter of seconds. Entertainment streaming allows us to watch our desired programming without waiting for a designated airtime, with the option to watch as much as we want.
I am as attached to these modern conveniences as anyone else. They make life more stable and predictable. They allow us to devote time and energy to other areas of our lives.
However, they certainly have an impact on how we view prayer and our relationship with the Lord. When we are used to receiving instant responses and immediate access to desired goods, the long and slow work of prayer can seem particularly tedious and, at times, even ineffective. In prayer, we open ourselves to the Lord, who moves in centuries and millennia, who is himself eternal.
Today, as your pastor, I want to encourage you to devote time and space to the long and slow work of prayer. God moves and responds in his own time and in his own ways. He is faithful. He leaves no prayer unanswered and no concern unattended. Prayer changes us. Maybe it changes us more than it did our ancestors, who were accustomed to waiting and delayed gratification. In prayer, God brings us from our timeframe into his. He reorders our outlook and our priorities. Do not be afraid or doubtful when prayer requires you to slow down, to wait, and to trust. This is how God works in prayer.
Father Jerome
Oración
Hoy quisiera ofrecerles unas palabras de ánimo sobre la oración.
El mundo actual funciona bajo la premisa de la inmediatez y la comodidad. Casi cualquier cosa puede comprarse por internet y llegar a nuestra puerta en cuestión de días, o incluso horas. Productos agrícolas que antes solo estaban disponibles por temporada ahora se encuentran en cualquier supermercado en cualquier época del año. La carne, los lácteos y los huevos están fácilmente disponibles sin necesidad de criar o sacrificar animales. Podemos comprar ropa sin tener que confeccionarla nosotros mismos para nuestras familias. Podemos hacer videollamadas y ver a las personas al instante, en cualquier parte del mundo. Podemos enviar un mensaje de texto o un correo electrónico y recibir respuesta en cuestión de segundos. El “streaming” nos permite ver la programación que deseamos sin esperar a un horario específico, con la opción de ver tanto como queramos.
Yo también aprecio estas comodidades modernas tanto como cualquiera. Hacen que la vida sea más estable y predecible, y nos permiten dedicar tiempo y energía a otros aspectos de nuestra existencia.
Sin embargo, estas comodidades influyen sin duda en cómo percibimos la oración y nuestra relación con el Señor. Cuando estamos acostumbrados a recibir respuestas instantáneas y a tener acceso inmediato a lo que deseamos, la labor lenta y pausada de la oración puede parecernos tediosa y, a veces, incluso ineficaz. En la oración, nos abrimos al Señor, quien obra en escalas de siglos y milenios, y que es eterno por naturaleza.
Hoy, como su pastor, quiero animarlos a dedicar tiempo y espacio a esa labor lenta y pausada de la oración. Dios obra y responde a su propio tiempo y a su manera. Él es fiel; no deja ninguna oración sin respuesta ni ninguna preocupación desatendida. La oración nos transforma. Quizás nos transforma más profundamente que a nuestros antepasados, quienes estaban acostumbrados a la espera y a la gratificación postergada. En la oración, Dios nos traslada de nuestra propia dimensión temporal a la suya; reordena nuestra perspectiva y nuestras prioridades. No teman ni duden cuando la oración les exija bajar el ritmo, esperar y confiar. Así es como Dios obra a través de la oración.
Padre Jerónimo